Blogs de la escritora Silvia González Delgado
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lunes, 14 de enero de 2019
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miércoles, 24 de enero de 2018
viernes, 29 de diciembre de 2017
Review: Siete Años En El Tibet

My rating: 5 of 5 stars
Esta narración en primera persona cuenta las aventuras de Harrer, prófugo de un campamento, que logra arribar, en calidad de vagabundo, a la ciudad prohibida de Lhasa en Tíbet donde hace amistades y se convierte en un respetable extranjero consejero del joven Dalai Lama, el rey de Tíbet.
Harrer mira y admira esta cultura, a los monjes budistas se les prohíbe tener relaciones con mujeres, pero se hace de la vista gorda ante el homosexualismo, no se mata a los gusanos pero se corta un brazo a un ladrón hambriento y sobre todo se admira por la manera en que se localiza a un niño, en el cual un monje letrado ha reencarnado, y se paga por internarlo en un monasterio de donde no vuelve a salir.
Hay demasiados detalles de la cultura tibetana en este texto, útiles para quien quiera conocer sobre el budismo tibetano.
El estilo de Harrer, que se estrena como escritor en esta narración, es bastante egocéntrico, con datos sobre su fuerza física y mental que nos recuerdan la ridícula supremacía alemana (aunque vivió siete años en Tíbet no comprendió la humildad budista), sin embargo cuando los comunistas entran y Harrer abandona Tíbet se vuelve un defensor del budismo y de esa tierra que lo acogió con calidez. El libro está bastante alejado de la película en donde le dan un tono romántico y de resolución familiar pues Harrer se reconcilia con el hijo que abandonó, cosa que jamás aparece en el corpus del libro.
Amo este libro porque es el primero que leí en inglés, lo compré en un viaje a NUEVA YORK en Barnes and Noble, y ahí me decidí a escribir mi novela sobre la guerra en Tíbet, con él le di forma a UN RAYO EN LA PRADERA historia sobre la invasión de China comunista a Tíbet budista, sobre todo me explicó lo que son los oráculos y cómo funcionan, porque eso si los austriacos-alemanes como era Harrer son harto racionales tal como yo, y eso de que un monje con poderes especiales adivina el futuro no se lo creyó él y mucho menos yo, pero si se lo creían los seis millones de tibetanos que existían en 1950, antes de que China los masacrara. Creo que este libro al igual que mi novela son justicia para todos los que fallecieron tan cruelmente en esa injusta invasión de hace apenas cincuenta años.
¡Tashi delek! (buena suerte en tibetano)
Vale la pena!
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sábado, 2 de septiembre de 2017
Blogs de la escritora Silvia González Delgado: CINCO CLAVES PARA SUPERAR UNA DEPRESION GRAVE
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Blogs de la escritora Silvia González Delgado: LEER PARA ENTENDER LA VIDA
Blogs de la escritora Silvia González Delgado: LEER PARA ENTENDER LA VIDA: La lectura de novelas ha contestado mis preguntas sobre la vida. Cuando leí la novela de Balzac sobre un hombre muy rico, t...
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LEER PARA ENTENDER LA VIDA
La lectura de novelas ha contestado mis preguntas sobre la
vida. Cuando leí la novela de Balzac
sobre un hombre muy rico, tacaño, que hacía padecer fríos a su mujer y a su
hija por no comprar leña, esperé, ávida, el momento de su muerte que para mí
significaba la libertad económica de las mujeres, sin embargo, al morir el
hombre, ellas perpetúan la tacañería del viejo, limitando, precisamente, la
leña para calentarse. El escritor es un
ojo del universo, se trepa en una nube, descubre el pasado de sus protagonistas
-un país, una dictadura, una enfermedad, un conflicto o un ser humano-, y con
ello vislumbra su futuro. El literato es
antropólogo, astrónomo, siquiatra, médico, ingeniero, financiero, filósofo,
sacerdote, estratega de guerra y sabio del alma. Desde arriba acomoda a sus muñecos en la
línea del tiempo de la Tierra y les va poniendo pasiones, ninguna nueva porque
no hay ardores sin descubrir en el ser humano. En la historia de los avaros yo esperaba lo
contrario porque no reparaba en lo obvio: que vivimos como aprendimos. Otras novelas
me han dado una explicación sobre mi existencia, por ejemplo, Cien Años de
Soledad me enseñó que la vida se vive en “redondo” porque en esta casa que hoy
habito llegarán mis nietos, luego mis bisnietos, seguidos de los tataranietos
quienes en menos de cincuenta años tendrán sus propios nietos, como sucede con
Úrsula Iguarán protagonista de este texto, y que vivirán conflictos emocionales,
como los míos, en un círculo sin fin -lo único que cambia es el contexto-. Con Nubes Borrascosas supe que para
sobrevivir en una casa en la que todos se odian solo el agradecimiento te puede
salvar. Con Vargas Llosa y El Celta entendí que los evolucionados ingleses se
chuparon toda África; con Elena Garro y Los Recuerdos del Porvenir comprendí el
“sin propósito” de los generales revolucionarios. Y con Isabel Allende aprendí
que mi rebeldía contra la misoginia estaba bien. La novela es crítica, con ella
asimilamos que somos títeres en el drama de la vida y que en un momento
determinado bajaremos del escenario, no importa que nos creamos en misión
divina. Las pasiones de nosotros los seres humanos no son nuevas, pero dependen
del contexto en que nos toca, por eso hay dramas novelescos difíciles de
entender por nuestros jóvenes occidentales como Crónica de una Muerte Anunciada,
donde dos hermanos ofendidos matan a Santiago Nasar porque su hermana lo acusa
de que le robó la virginidad ¿de que le robó qué? ¿o sea matar a alguien porque
tu hermana se metió con él antes de casarse con otro? “¡Qué oso!” exclaman, sin encontrarle emoción
al tema, así que de esta novela solo nos queda la hermosa prosa de García
Márquez que podemos exprimir con análisis antropológico y usar para mostrar la
discriminación de género que existía, además de agradecer la evolución para que
las mujeres ya no pasemos por esos trances cavernícolas.
Querido
lector, cada ciencia tiene una respuesta a la razón de la vida, la literatura
muestra la sicología del ser humano, leer estructura el pensamiento y le pone
nombre a nuestras emociones tal como lo hacen los escritores con sus
personajes. Por medio de las novelas supe que llegué a una obra de teatro
puesta por mis padres, su cultura y el momento, luego empecé a actuar según lo
aprendido… y ya no tardo en salir de escenario; también supe que si disfrutamos
o sufrimos en nuestra actuación no importa, de todos modos, termina, y sube a
escena la nueva generación.
NAMASTE ...

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