sábado, 6 de mayo de 2017

El ego y sus mujeres en la política


El ego y sus mujeres en la política

                                                                                                              SILVIA GONZALEZ DELGADO



En estos tiempos del 50/50 en el Congreso del país, desearía tener una varita mágica para saber el comportamiento que tendrá la mujer en el poder, en los próximos años.  Es verdad que nadie sabe quién es hasta que tiene poder, hasta que al preguntar qué horas son, sus subordinados le contestan: las que usted guste. El ego ha formado  parte de la desgracia de los mexicanos penetrando a nuestros presidentes más allá de la coronilla, convirtiéndolos en archimillonarios o asesinos; a algunos su ego los llevó a vender el país, a provocar revoluciones y silenciar guerrillas.

El ego es esa vocecita que nos dice que somos más buenos que los demás, lo cual no es una desventaja, excepto que cuando se acrecienta comenzamos a creer que además de buenos somos únicos y que Dios nos debe pedir permiso para actuar.  El problema es que cuando las cosas no salen como el ególatra planea, la frustración se convierte en venganza: alguien la tiene que pagar. Mientras más grande el ego, más cruel la venganza.

México tiene una larga historia de presidentes ególatras, uno de ellos Gustavo Díaz Ordaz, el de “la personal fealdad” -según Enrique Krauze-, aplastó manifestaciones porque los estudiantes ponían en entredicho su gobierno ante la comunidad internacional o ante los miembros de su propio partido -entre otras cosas-, y lastimaban su ego. Un ego lastimado tiene consecuencias bárbaras.  De haber sido una persona humilde, Díaz Ordaz, hubiera aceptado que estaban en su derecho de manifestarse, negociar con ellos y optar por arreglar los desperfectos que se fueran originando, hasta que los ánimos se aplacaran.  

Por eso me pregunto: ¿Qué será de la mujer cuando su género alcance el poder político que ahorita tienen los hombres?  ¿Será más compasiva a la hora de robar? ¿Será más ecuánime en las revanchas partidistas?  ¿Será más recta con sus amigos políticos ladrones?  ¿más comprometida con las causas sociales y los pobres? ¿Dará la orden de matar a manifestantes revoltosos que se burlen de su cara de chango?

Hay muchas esperanzas de que cuando la mujer ponga su mitad en la política, México mejorará, porque las féminas somos generosas, dadoras de vida, sabemos perder, no tenemos miedo a rajarnos y no tenemos que aparentar que somos muy machas.

Sin embargo mis dudas crecen, cierto que a la hora de trabajar la mujer es más cumplida, más formal, más ordenada y que Margaret Thatcher dijo que la mujer que sabe llevar una casa también puede administrar un país, pero la historia de esta señora, Ministro de Inglaterra ( todavía no existe la palabra ministra) está ensangrentada con la guerra de las Malvinas, en Argentina, y no puedo ponerla de ejemplo como dama humilde de ego controlado, porque un ego normal sabe que el ser humano es parte de un todo y que no se necesita ser dueño de una isla como Las Malvinas para ganar las siguientes elecciones: “Elemental, mi querido Watson”.

Definitivamente no creo que el desarrollo de las virtudes, tales como la humildad que es lo contrario al ego, sea más prolífico en el género femenino, pues somos las mujeres las que más invertimos dinero y tiempo en nuestra apariencia, sin embargo, somos quienes damos la vida, nuestra naturaleza es dar una y otra vez incansablemente, como tierra fértil.

 Sé que en los años que seré testigo de este cambio nos irá muy bien, empezarán a brotar los grandes talentos femeninos, mi temor es que cuando nos hayamos acostumbrado al derecho del 50/50 en los parlamentos comiencen los abusos de poder, quién sabe qué sería del mundo con una presidenta china o rusa comunista.

Darse cuenta es la sinapsis más importante del cerebro, darse cuenta es el primer paso para comenzar a cambiar, saber que estas conductas futuristas pueden ocurrirles es bueno para las legisladoras, para las presidentas municipales o gobernadoras de hoy. Controlar el ego es un ejercicio de mente y espíritu constante, una revisión de nuestros actos ante las circunstancias diarias que la vida da sin que se le pidan; solo hay dos caminos para la sabiduría: el estudio o el sufrimiento, así que si tú, mujer política, no sabes lo que es el ego comienza a estudiarlo, a detectar si te estás saliendo de los límites del servicio al otro, o a creerte los halagos de los lambiscones.   

Educar a las niñas de hoy en el servicio y en el trabajo en equipo, es la gran opción para que el egoísmo no ataque las filas de mujeres políticas que se verán en las próximas décadas, de no ser así corremos el riesgo de que haya el desarrollo de un fenómeno que se llamé vergüenza de género.



Namasté




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